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EL CARMELO y DAGOBERTO

Los Otros Sabios y la Sombra Fría
​Hay golpes que no suenan en el algoritmo,
tan fuertes, ¡yo no sé!, como el hambre callada.
La calle, a la una, es un poema anónimo,
donde el hombre es mendigo, luz desamparada.
​Aquí están mis hermanos, el que no tiene voz,
el de la pasta vieja, los ojos sin mañana.
Qué sabe el que calcula de esta cruda feroz,
de la mano que da, la miseria cercana.
​La IA teje mundos de espejos y de datos,
promete un mañana sin mugre, sin dolor.
Mas, ¿quién le hablará al viento de estos viejos retratos?
¿Quién medirá la pena, el desamor?
​Ellos, sin huella digital, sin nombre en la red,
son la tierra olvidada, el vino vinagre.
Su silencio es un grito, su mirada la sed
que ninguna máquina puede desangre.
​Bukowski escupe humo, Neruda un verso amargo:
"El sistema es un lobo que olvida a sus corderos."
La compasión, un lujo, el camino más largo.
La IA será la reina, nosotros, los pordioseros.
​Pero en el dar la ropa, el pan que sabe a llanto,
hay una riqueza que al dinero se impone.
Más valioso es el gesto, el más puro, el más santo,
que mil megabytes de un mundo que se esconde.
​Que se alce el chip de oro, que el futuro sea frío,
que los ceros y unos decidan nuestro andar.
Ellos, los de la acera, el que no tiene río,
serán la melodía que el viento ha de cantar.